¿Sabías que en España el control de los niveles de radón en las cuevas sigue siendo una asignatura pendiente?

En el último número publicado de la prestigiosa revista Alfa, Revista de seguridad nuclear y protección radiológica, se realiza un extenso reportaje sobre la situación actual del conocimiento y el control del radón en las cuevas españolas.

Se destaca en él que a pesar de que el radón es el principal responsable de la radiactividad natural a la que nuestro cuerpo se ve sometido cada día, todavía en muchas de las cuevas y minas visitables o en explotación con trabajadores que desarrollan ahí su actividad laboral, se desconocen cuáles son los niveles de radón existentes. 

La concentración en cuevas, minas o galerías puede alcanzar niveles extremadamente altos para tener en cuenta la limitación del tiempo de exposición. 

En dicho reportaje, José Hernández Armas, catedrático de Física Médica de la Universidad de La Laguna:“Puedo decir con casi absoluta certeza que personas que pasen en cuevas (sin controlar) un número de días y horas considerable superarán la radiación permitida al público general, esto es, un milisievert al año. Ahora yo, como personal expuesto a radiaciones, tengo un límite de hasta 50 milisievert en un año (con un máximo de 100 milisievert acumulados durante cinco años consecutivos) y me considero protegido y creo que es un nivel de riesgo aceptable, ya que hasta los 100 milisievert no se ha establecido una relación causal entre la radiación recibida y el cáncer”.

Por tanto, seguro que hay trabajadores en cuevas que reciben, sin ser conscientes de ello, dosis acumuladas de radiación significativas.

 

Cada cueva tiene unas características únicas y por eso la concentración de radón que posee es también diferente.

 

Hay que hacer mediciones al menos, en todas aquellas en las que las que se estime que hay personal con un tiempo considerable de exposición.

En la Cueva del Viento, por ejemplo, al norte de la isla de Tenerife, se han encontrado valores de hasta 9.000 becquerelios por metro cúbico, mientras que en la cueva de Nerja apenas se alcanzan los 600 y habrá otras en las que la diferencia con el exterior sea casi inapreciable.

“En estos momentos es difícil establecer con seguridad cuántas de las cuevas y minas abiertas al público para su visita han realizado ya los estudios pertinentes, ya que la mayoría de las comunidades autónomas aún no ha abierto el registro donde se guardarán.

Como dice Juan José Durán, presidente de la Asociaciónde Cuevas Turísticas Españolas (ACTE),los titulares de estas cuevas son “conscientesde que esa legislación está ahí, hay que hacer las mediciones y se están haciendo, pero la preocupación que trasladan es que el registro de la comunidad autónoma correspondiente no está abierto.  El futuro, requiere seguir la senda ya trazada por otros países europeos y controlar y tomar las medidas oportunas para que aquellos que desarrollan su actividad laboral en estos lugares tengan el mismo nivel de información y protección que el resto de los trabajadores.