¿Por qué ignoramos al radón?

Inicialmente, estoy de acuerdo, en que lo ignoramos porque lo desconocemos. Pero ¿por qué una vez que somos conscientes del peligro que entraña para nuestra salud, seguimos ignorándolo?

 

Las organizaciones de Salud Pública como la Asociación Americana del Pulmón (ALA), EPA (Agencia de Protección Ambiental) y la OMS (Organización Mundial de la Salud) nos advierten que el radón es la causa principal de cáncer pulmonar, en no fumadores y la segunda en fumadores.


¿Tomamos los mensajes de estas organizaciones en serio? Sí... pero entonces, ¿por qué ignoramos este peligro en nuestros hogares?.


Nos planteamos también, por qué le tenemos miedo a algunas cosas que conllevan poco riesgo y por qué pasamos por alto las que conllevan un gran riesgo, como el radón.

Por ejemplo, tenemos miedo a un posible ataque de tiburón (no me digan que no lo han pensado al menos una vez) cuando la probabilidad de que esto ocurra es irrisoria y sin embargo cuando alguien nos plantea hacer una prueba de radón, este peligro no nos parece importante.


Pues, en todo el mundo, se producen 60 ataques de tiburón a humanos de media anual y sólo 6 muertes anuales por este motivo. Sólo en España, anualmente, el  gas radón causa la muerte a más de mil personas .

 

Quizás Steven Spielberg haya contribuido a este temor no justificado, grabando en nuestra mente la figura tan terrorífica de este depredador. Por el contrario, el radón es difícil de percibir, (no tiene dientes feroces ni el aspecto de monstruo, en absoluto) porque es invisible, sin olor ni sabor.


Pero  a pesar de esto ¿qué nos impide actuar, si nos ataca y con mucha más probabilidad de acabar con nuestra vida?

 

Estas mismas inquietudes son compartidas por El señor Shelly Ropsenblum, que trabaja con el equipo de Radiación y el Medio Ambiente Interior en San Francisco, CA, según he podido constatar en un artículo publicado por la Epa, que encuentra respuestas a estas cuestiones en la psicología. A continuación reproduzco parte de su artículo:

 

"El Señor Shelly Ropsenblum habla con Peter M. Sandman, un experto en comunicación de riesgos. Éste da una posible explicación de por qué le tenemos miedo a algunas cosas que conllevan poco riesgo y por qué pasamos por alto las que conllevan un gran riesgo, como el radón.

 

Él describe este comportamiento con una fórmula:

 

Nivel Riesgo percibido = peligro + indignación.


¿Qué significa indignación en este caso?

 

Supongamos que una empresa derrama una substancia tóxica en el vecindario, creando un peligro para su salud. Nos enojaríamos. Supongamos que no son sinceros sobre la cantidad derramada y el nivel de peligro. ¿Estaríamos más enojados o INDIGNADOS?

 

Cúanto más indignados estemos mayor será el riesgo percibido.  

Cuando la indignación es intensa percibimos un riesgo alto, incluso aunque el peligro haya sido mínimo,

 

Entonces aplicando esto al radón, ya que es un fenómeno natural, no tenemos a nadie contra el cúal indignarnos. Al no tener a nadie a quén culparnos convencemos a nosotros que el riesgo es mínimo. Es la falta de indignación la que nos hace engañarnos a nosotros mismos y nos impide tomar acción.

 

Considere lo siguiente: Si usted se entera que en la escuela de sus hijos no han hecho la prueba de radón, o que encontraron niveles elevados, pero no se lo han dicho a nadie, estaría usted enojado, de repente percibiría el riesgo como inmenso, y usted demandaría acción. Examine más a fondo, un día sus hijos podrían tener razones para estar enojados con usted, por no haber hecho la prueba de radón en la casa donde ellos crecieron.

 

Haga la prueba, haga los arreglos necesarios, Salve una vida. Hacer la prueba de radón es simple y de bajo costo. Los arreglos a un hogar con niveles elevados de radón son comparables a otras reparaciones menores del hogar. Esto es un seguro barato en contra del cáncer pulmonar y en contra de tener a sus hijos indignados con usted en un futuro"

 

Si quieres leer el artículo de la Epa pinche aquí

 

 

 

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