Un caso curioso de radón en los hogares

¿Te imaginas que un día, te levantas y te diriges a tu trabajo, y cuando vas a entrar, alguien te para y te dice que no puedes acceder porque estás contaminado con radiactividad?.

Pues esto es lo que le sucedió al protagonista de nuestra historia real.

En 1984, Stanley J. Watras trabajaba como ingeniero en la construcción de la central nuclear Limerik, Pottstown, Pennsylvania.

Cuando fue instalado en la planta un detector de radiación para salvaguardar a los trabajadores de una exposición  a la radiación que pusiera en riesgo su salud, sucedió algo que nadie esperaba.

Una mañana, cuando Stanley entraba a trabajar, las alarmas de radiactividad se dispararon.

Pero,¿cómo era posible si la planta estaba en construcción y aún no había combustible nuclear?¿Y aunque fue registrado y chequeado por el personal de seguridad fue encontrada en su posesión ninguna fuente de radiación?

La respuesta estaba en su casa y en el gas radón.

Cuando midieron el nivel de radón en su casa, descubrieron que éste era casi 700 veces mayor al nivel máximo establecido como seguro para la exposición humana (99.900Bq/m3  cuando el nivel establecido de seguridad en los Estados Unidos es de 148Bq/m3).

Con técnicas de mitigación de la concentración de este gas, lograron reducir a niveles de seguridad y su familia y él pudieron continuar en su hogar.

Aunque éste es un caso muy extremo, esta historia pone de manifiesto que cuando hablamos de radiactividad y de su peligrosidad, no sólo debemos protegernos de la de origen artificial, sino que existe una radiación natural, como es la del gas radón que es también peligrosa, ya que puede alcanzar niveles que pongan en peligro nuestra salud.